La habitación tenía una cama con cubrecama rosa y un ventilador en el suelo. Las mancuernas estaban junto a la cama.
Las mancuernas en alto
Ella recogió las mancuernas del suelo. Sujetó una en cada mano. Los nudillos se blanquearon al cerrar los dedos alrededor del metal frío.
Los músculos de sus brazos se tensaron. Inspiró. Elevó las pesas por encima de su cabeza en un movimiento controlado. Los brazos quedaron completamente extendidos hacia el techo.
Permaneció así. La franja de piel entre la corta camiseta blanca y el borde de los calzoncillos grises quedó al descubierto. Los protectores negros en sus rodillas apuntaban hacia la cama.
El ventilador zumbaba en su sitio. Las aspas giraban. El aire movió unos mechones sueltos de su cola de caballo oscura.
Mantuvo la posición. Las mancuernas no se movieron.
Las rodillas dobladas
Las muñecas giraron, orientando las palmas una hacia la otra. Los codos se flexionaron. Los brazos, con las mancuernas aún sujetas, descendieron a los costados del cuerpo. El movimiento fue lento y controlado. El peso de los discos de metal tiró de los hombros hacia abajo.
Las piernas iniciaron el descenso. Las caderas se desplazaron hacia atrás. La espalda permaneció recta. La mirada se fijó en un punto de la pared frente a ella. Los músculos de los muslos se tensaron.

El descenso continuó hasta que los muslos quedaron paralelos al suelo. Las rodillas formaron un ángulo de noventa grados. La parte inferior de las piernas se mantuvo vertical. En esa posición, el cuerpo se sostuvo un momento. La única respiración audible era el zumbido constante del ventilador.
El punto de apoyo
La tensión se concentró en los cuádriceps. La falda corta de la camiseta blanca se desplazó ligeramente hacia arriba con el movimiento. Los tacones de los pies no se despegaron del suelo. El equilibrio era preciso. Cualquier desplazamiento mínimo habría requerido un ajuste.
No hubo ajuste. Las manos mantuvieron su agarre en las barras de las mancuernas. Los nudillos estaban pálidos por la presión. La posición era estable, aunque transitoria. Era el punto más bajo del ejercicio, el instante de máxima carga antes del impulso contrario.
Objetos en suspensión
Varias cosas habían quedado en la habitación sin una posición definitiva. El curso de la tarde las fue colocando.
- Un teléfono móvil, inicialmente sobre la mesita de noche, acabó deslizándose entre la almohada y el cabecero de la cama.
- Una botella de agua, medio llena, fue depositada en el suelo, al lado de la pata trasera izquierda del ventilador.
- Un par de zapatillas deportivas, que estaban una junto a la otra cerca de la puerta, terminaron separadas por casi un metro.
- La toalla que usó para secarse el sudor de la frente antes de empezar quedó colgada de manera irregular en el respaldo de una silla.
- La funda rosa de la almohada principal de la cama se arrugó formando un pliegue profundo en el centro.
- El cable de alimentación del ventilador, inicialmente estirado hacia el enchufe, formó una curva suelta sobre el suelo.
El cuerpo comenzó a elevarse de nuevo. La fuerza salió de las piernas. Los talones presionaron contra el suelo. Las caderas se elevaron, seguidos por el torso. Los brazos, todavía extendidos hacia abajo, subieron con el resto del cuerpo. El movimiento fue fluido, sin pausas.
Al alcanzar la posición vertical, la figura se detuvo. Las mancuernas colgaban a la altura de sus muslos. La respiración era más profunda que al inicio. Los hombros se relajaron por un instante. Luego, las manos soltaron las pesas. El ruido sordo del metal al chocar contra la moqueta fue ahogado por el zumbido del ventilador.
La costura de la camiseta
Ella se enderezó. Las pesas, todavía en sus manos, bajaron a la altura de sus caderas. Giró sobre sus talones, muy despacio, hasta quedar de frente a la pared donde no había espejo.
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Un minuto y cincuenta y siete segundos habían pasado desde el inicio. La tensión en sus hombros cedió. Los músculos de su espalda se relajaron bajo la tela blanca.
Con la mano izquierda, todavía ocupada por el peso de la mancuerna, tiró del bajo de la camiseta por detrás. La tela se estiró. Con los dedos de la mano derecha, ahuecó el espacio entre la cintura de los pantalones cortos y la tela. El aire del ventilador llegó a su piel.
La costura inferior de la camiseta, que se había enrollado hacia arriba durante el movimiento anterior, quedó alisada. Sujetó la mancuerna con más fuerza y estiró los dedos para empujar la tela hacia abajo, sobre el hueso de la cadera. Repitió el gesto al otro lado, invirtiendo las manos. La camiseta blanca recuperó su forma original, cubriendo por completo la cintura de los pantalones.
La posición de los objetos en la habitación no se alteró durante este gesto. La cama con su cubrecama rosa, el ventilador en el suelo, todo permaneció en su sitio. Solo su cuerpo cambió de orientación y la prenda volvió a su estado inicial.
| Al principio | Al final |
|---|---|
| Ella miraba hacia la pared vacía. | Ella mantuvo la vista en la misma pared. |
| La camiseta blanca tenía la costura enrollada. | La camiseta blanca cubría de nuevo su cintura. |
| Sus brazos colgaban con las pesas a los lados. | Sus brazos seguían sosteniendo las pesas junto a los muslos. |
| Las rodillas estaban ligeramente flexionadas tras el ascenso. | Sus piernas recuperaron una postura completamente erguida. |
| El aire del ventilador no llegaba a su espalda. | El aire circuló entre su cuerpo y la tela. |
| Las mancuernas apuntaban hacia el suelo. | Las mancuernas conservaron su orientación hacia abajo. |
El ajuste duró unos segundos. Cuando terminó, sus pies ya estaban firmes en el suelo, preparados para el siguiente movimiento. La habitación era la misma. La ropa era la misma. Solo la dirección de su mirada y la disposición de la tela sobre su piel habían sido corregidas.
Inhaló. Los hombros volvieron hacia atrás. El breve interludio de corrección concluyó. Todo estaba listo para que el ejercicio continuara.
Elevando el peso
Ella giró sobre las plantas de los pies. El torso se orientó hacia la pared lateral. Las gomas del cabello oscuro se mantuvieron quietas sobre su nuca.
Los brazos subieron de nuevo. Los codos se cerraron. Las manos empuñaron los discos metálicos. Las mancuernas alcanzaron su punto más alto contra el techo.
El ventilador siguió su giro constante. Las aspas cortaron la luz de la lámpara. Una sombra breve pasó sobre su espalda.
Los músculos de sus hombros se tensaron. La camiseta blanca se estiró sobre su torso. La tela del escote permaneció inmóvil.
Las rodillas se trabaron. Las rótulas apuntaron hacia adelante. Las coderas negras no se movieron.
La respiración marcó un ritmo constante. El pecho se expandió y contrajo. La tela de la camiseta subió y bajó levemente.
Los dedos no aflojaron su presión sobre las pesas. Los nudillos blanquearon. Los metales no temblaron.
La mirada se fijó en un punto de la pared frente a ella. Los párpados no parpadearon. La frente permaneció lisa.
Los talones se apoyaron en el suelo. El arco de los pies se mantuvo en su lugar. Los dedos de los pies no se movieron.
La columna vertebral se alineó. Las vértebras formaron una línea recta. La cintura se mantuvo en su sitio.
La luz de la habitación cayó sobre su perfil. La sombra de su nariz se proyectó sobre la mejilla. El sudor de su sien no resbaló.
Las caderas permanecieron cuadradas. La tela gris de la ropa interior no se ajustó. El elástico no se torció.
El aire del ventilador llegó a su nuca. Algunos pelos sueltos se movieron. El resto de la coleta se mantuvo quieto.
El cubrecama rosa no cambió de forma. Los pliegues de la tela siguieron en su lugar. La almohada no se movió.
Los segundos pasaron. Los metales no bajaron. Los brazos no cedieron.
Ella se quedó así. De lado. Con las mancuernas en alto.
